Dr. Alberto A. Peralta


HERMANN RORSCHACH INAGOTABLE:

SU GESTALT FORMAL ORIGINAL

VERSUS UN SIGLO DE “SISTEMATIZACIONES”

Resumen

Debido a su muy prematura muerte apenas publicado el ‘Psicodiagnóstico’, la inmensa mayoría de los autores posteriores que se han interesado por el método de Rorschach (1921/1977) se han preocupado por agregar al mismo en menor o mayor medida una cantidad de factores formales “faltantes”, a su juicio, con la intención de finalmente “sistematizarlo” (Klopfer, Exner, etc.). Nuestro cuestionamiento teórico de partida es el inverso: si H. Rorschach en su corta vida profesional logró percibir sin embargo algo invisible hasta entonces para el resto, un conjunto de formas que obviamente iluminaba aspectos mayores de la personalidad, ¿cuál era la lógica detrás de su elección original de los limitados factores formales de su propio sistema o Gestalt, estrechamente interrelacionados en una buena forma basada en la simetría y con un buen cierre del conjunto? Su organización triádica de entrada (localizaciones G-D-Dd, determinantes B-F-Fb) así lo sugiere. Un retorno profundamente arqueológico (Ellenberger) y humildemente respetuoso al ‘Psicodiagnóstico’ y a escritos paralelos del autor (Rorschach, 1921/1977 cap. VII, 1965/1967, 2004) nos permitió revelar tal lógica teórica tras las concepciones pioneras de Rorschach. Por demás con la guía de su mejor discípulo directo, H. Zulliger (quien reorganizó tal estructura triádica: 1948-54/1970), creemos haber puesto al descubierto las supremas cualidades de su propio sistema teórico-empírico de partida en el estricto sentido del término (Peirce, Guillaume, Bertalanffy), ventajosamente comparable a cualquiera de los actuales predominantemente “empíricos” o ateóricos.


RESUMO

Devido à sua morte muito prematura, ocorrida pouco depois da publicação do Psicodiagnóstico, a imensa maioria dos autores posteriores que se interessaram pelo método de Rorschach (1921/1977) preocupou-se em acrescentar ao mesmo, em maior ou menor medida, uma série de fatores formais “faltantes”, a seu ver, com a intenção de finalmente “sistematizá-lo” (Klopfer, Exner, etc..). Nosso questionamento teórico inicial é o inverso: se H. Rorschach, em sua curta vida profissional, conseguiu perceber algo até então invisível para todos os demais — um conjunto de formas que evidentemente iluminava aspectos maiores da personalidade — qual era a lógica por trás de sua escolha original dos limitados fatores formais de seu próprio sistema ou Gestalt, estreitamente inter-relacionados em uma boa forma baseada na simetria e com um bom fechamento do conjunto? Sua organização triádica de partida (localizações G–D–Dd, determinantes B–F–Fb) assim o sugere. Um retorno profundamente arqueológico (Ellenberger) e humildemente respeitoso ao Psicodiagnóstico e a escritos paralelos do autor (Rorschach, 1921/1977 cap. VII; 1965/1967; 2004) permitiu-nos revelar tal lógica teórica por trás das concepções pioneiras de Rorschach. Além disso, com a orientação de seu melhor discípulo direto, H. Zulliger (que reorganizou tal estrutura triádica: 1948–54/1970), acreditamos ter trazido à luz as supremas qualidades de seu próprio sistema teórico-empírico inicial, no sentido estrito do termo (Peirce, Guillaume, Bertalanffy), vantajosamente comparável a qualquer dos sistemas atuais, predominantemente “empíricos” ou ateóricos.



 Esta conferencia se basa en nuestra exhaustiva investigación y consecutiva publicación bajo forma de libro (A. A. Peralta, 2022) sobre los fundamentos teóricos de la prueba de interpretación de formas de Rorschach. Contrario a lo que comúnmente se piensa, éste estaba constantemente preocupado por poner en pie tal “teoría de la prueba” (Binswanger, 1923/1967, pp. 230-1; Peralta, 2007, pp. 23-4) y el centenario del método nos pareció ser el momento adecuado para culminar tal tarea inconclusa, en homenaje a su monumental contribución al psicodiagnóstico.


 Dicho libro, cuya traducción al español está prevista para publicarse en ocasión de este congreso, es absolutamente novedoso al interior de la psicología proyectiva pues posee una serie de cualidades tan infrecuentes que lo hacen sobresalir entre los volúmenes contemporáneos dedicados al test de Rorschach, cualidades que pasamos a enumerar:

-se toma al Psicodiagnóstico (Rorschach 1921/1977) en sí mismo, es decir a las intuiciones originales del maestro muy en serio, sin intentar reelaborar y proponer enseguida nuevos factores formales a agregar a su sistema (como han hecho abundantemente muchos expertos, desde Klopfer hasta Exner) modificando su Gestalt original;

-en este sentido se preocupa por develar específicamente ese fundamento teórico que H. Rorschach tanto anheló (y que autores contemporáneos han descartado como imposible de lograr: Weiner, 1994, 1995) por lo que no es otra más de las numerosas contribuciones empíricas al método, aunque efectivamente sí se basa en muchas de éstas 1;

-demuestra más que cualquier trabajo anterior la influencia cierta del Psicoanálisis (y de la Fenomenología) sobre Rorschach; descubre por 1ra vez en un siglo el principio detrás de la secuencia asignada a las 10 láminas de Rorschach; -presenta después de casi medio siglo de espera (desde Bohm et al., 1975) una nueva interpretación inédita de un protocolo por parte del mismo H. Rorschach;

-resuelve definitivamente el caso literalmente único, pero extraordinariamente controversial, del jerarca nazi Adolf Eichmann (Peralta 2019).


 Entrando en materia, si se analiza en detalle el Psicodiagnóstico podemos constatar que Rorschach (1921/1977) originalmente desarrolló un sistema de clasificación formal de las respuestas (dejando de lado los contenidos) siempre basado en el número 3: las localizaciones fueron divididas en las tres categorías esenciales de G-D-Dd (Cap. II.6.a b pp. 42 y 45: resp. global - detalle usual - detalle raro), y los determinantes clasificados en la tríada clásica de factores B-F-Fb 2 (Caps. II.5 y V-Ejemplos, pp. 30-31, 119...: movimiento - forma - color), ambas series siempre presentadas en ese orden específico. En el primer caso (localizaciones) era obvio que se basó en una secuencia o principio temporal: “Ante todo, [el sujeto] procura interpretar la lámina que se le entrega en su totalidad... Hecho esto, pasa a observar las distintas partes de la figura, deteniéndose en aquellas formas accidentales que más se destacan en su composición... Una vez agotados los detalles que el ojo capta con mayor facilidad, la vista se detiene en las más pequeñas minucias de la imagen... repitiéndose con la mayor regularidad posible la sucesión G - D - Dd” (Cap. II.6.a p. 42). ¿Y en el segundo caso?


 En el caso de la contribución más original de Rorschach, es decir los determinantes perceptivos que componen su Tipo Vivencial, es necesario hacer una lectura más fina. Simplificando en gran medida, vamos a referir al lector a sus cuadros a partir del N° IX del Psicodiagnóstico (pp. 233 y sgtes.) pero especialmente al importante esquema del cap. VII: “...esquema que venimos empleando desde hace mucho tiempo y que siempre volvemos a reproducir en el Psicodiagnóstico: el centro representa las funciones conscientes [F]... la mitad izquierda representa los factores introversivos [B], y la mitad derecha los extratensivos [Fb]” (pp. 193-5). Centro, izquierda y derecha no son nada más ni nada menos que los referentes espaciales de nuestro cuerpo físico (y del de todos los vertebrados), principio que se encuentra subrepticiamente detrás de su manera sistemática de organizar estos determinantes B-F-Fb de su experimento 3. No podemos sino pensar en Ellenberger (1954/1967, pp. 69-70) cuando decía que la evolución del pensamiento de Rorschach lo conducía hacia la Fenomenología, sobre todo la fenomenología categorial con su preocupación sistemática por reconstruir tanto la temporalidad (localizaciones) como la espacialidad (determinantes) de los pacientes: luego de este análisis su sistema original de categorías formales no parece ya tan imperfecto o asistemático como lo han sugerido numerosos “sistematizadores” posteriores.


 Pero este principio espacial no se queda sólo ahí: si echamos una ojeada de conjunto sobre este último esquema del Cap. VII (p. 194), ¿acaso no percibimos una sólida columna central y a partir de ella una curiosa simetría bilateral, algo quizás semejante a una especie de alas, de hecho, extrañamente similar a la fig. I de Rorschach (o hasta a la VI invertida)? Queriendo decir que este principio espacial-simétrico no se encuentra solamente detrás de su concepción teórica de los determinantes, sino también de la composición siempre simétrica de cada una de sus 10 láminas que contienen dicho ritmo espacial (Cap. I.1 p. 23), constituyendo pues un factor fundamental de su pensamiento.


 Intentemos ir aún más lejos. Es curioso que cuando Rorschach (1921/1977) describe por primera vez sus imprevistas respuestas B de movimiento (Cap. II.5.b, p. 32) todos sus ejemplos son sacados de las 3 primeras láminas I-III que son las que más fácilmente las estimulan; más que curioso, esto se vuelve más bien sistemático cuando él pasa a las respuestas Fb de color (Cap. II.5.c, p. 36) y sus ejemplos emergen repetitivamente de las 3 últimas láminas VIII-X, tanto para las FFb como para las FbF y las Fb puras. ¿Y a mitad de la serie? Por su estructura, las láminas IV-VII son evidentemente aquéllas que más estimulan simples respuestas F de forma (Cap. III.1, pp. 52) para concluir en que, organizando y ‘leyendo’ el conjunto de láminas de izquierda a derecha (Fig. 1) reencontramos el orden espacial y triádico ya conocido de los determinantes B-F-Fb de ninguna manera al azar, y para nada el orden temporal u ontogenético asumido por muchos autores (Beck, Klijnhout, Monod, Anzieu, McCully, Morali-Daninos & Cerf, Simón Hernández). El principio organizador simétrico-triádico de Rorschach dictó así a priori la estructura espacial del material de la prueba como visible no solamente en la construcción simétrica de cada mancha individual sino reencontrada en una equivalente, obviamente intencional simetría general de la serie como un todo. Se trata de una reconstrucción del conjunto de la estructura de la serie –proveída pero guardada en silencio por Rorschach– completamente original de nuestra parte, en todo caso no la hemos encontrado en ningún otro lugar en la literatura especializada. Y Rorschach (2004) se refirió específicamente a ello cuando escribió “...la prueba con nuevas láminas tendrá quizás necesidad de mucho trabajo todavía; la proporción entre las reacciones de movimiento y color, como la que contiene la serie actual, es evidentemente muy apropiada y no tan fácil de componer nuevamente” (carta 71 p. 156, nuestra trad.).

 


Referencias Bibliográficas:

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Bohm, E. (1979). Manual del Psicodiagnóstico de Rorschach (A. Serrate, Trad.) (7ma ed.). Madrid: Morata. (Orig. publ. en 1951)

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Bohm, E., Friedemann, A., Rizzo, C., & Schmidt, T. (1975). Blindauswertung eines Rorschach-Protokolls – Wie steht es um die Validität des Rorschach’schen Formdeutversuchs? – Vergleich mit der Originaluntersuchung und dem Psychogramm von Hermann Rorschach [Interpretación a ciegas de un protocolo Rorschach – ¿Qué hay de la validez de la prueba de interpretación de formas de Rorschach? – Comparación con la investigación original y el psicograma de Hermann Rorschach]. Beiheft zur Schweizerischen Zeitschrift für Psychologie und ihre Anwendungen, 59 (Rorschachiana, Vol. XII), 1-70.

Dworetzki, G. (1939). Le test de Rorschach et l’évolution de la perception: Etude expérimentale [El Test de Rorschach y la evolución de la percepción: Estudio experimental] [Monografía]. Archives de Psychologie, 27 (Supl., No. de Serie 107-108), 233-396.

Ellenberger, H. F. (1967). Vida y obra de Hermann Rorschach (1884-1922). En H. Rorschach (K. W. Bash, Ed.), Obras Menores e Inéditas (A. Guera Miralles, Trad.) (pp. 25-70). Madrid: Morata. (Reimpreso de Bulletin of the Menninger Clinic, 1954, 18, 173-219)

Ellenberger, H. F. (1958). A clinical introduction to Psychiatric Phenomenology and Existential Analysis [Una introducción clínica a la Fenomenología Psiquiátrica y al Análisis Existencial]. En R. May, E. Angel & H. F. Ellenberger (Eds.), Existence – A New Dimension in Psychiatry and Psychology (Cap. III, pp. 92-124). New York: Touchstone.

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Exner, J. E., Jr. (1969). The Rorschach Systems [Los Sistemas Rorschach]. New York: Grune & Stratton.

Holt, R. R. (1954). Implications of some contemporary personality theories for Rorschach rationale [Implicaciones de algunas teorías contemporáneas de la personalidad para la lógica del Rorschach]. En B. Klopfer, M. D. Ainsworth, W. G. Klopfer & R. R. Holt (Eds.), Developments in the Rorschach Technique: Vol. I. Technique and theory (pp. 501-60). New York: Harcourt, Brace & World.

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Peralta, A. A. (2005). Reconstruyendo intuiciones originales de H. Rorschach: ¿sistematización? Psicodiagnosticar, 15, 69-83.

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Peralta, A. A. (2019). La teoría del Rorschach y la práctica de su interpretación: “Nada hay más práctico que una buena teoría” (K. Lewin). XVII Congreso Latinoamericano de Rorschach y otras Técnicas Proyectivas - ACTAS, 43-64 (Argentina). Loc. en http://www.asoc-arg-rorschach.com.ar/revista/Actas-Noviembre-Congreso-2019.pdf

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Schachtel, E. G. (1967). Experiential Foundations of Rorschach’s Test [Fundamentos Vivenciales de la Prueba de Rorschach]. London: Tavistock.

Weiner, I. B. (1994). The Rorschach Inkblot Method (RIM) is not a test: Implications for theory and practice [El Método de Manchas de Rorschach (MMR) no es una prueba: Implicaciones para la teoría y la práctica]. Journal of Personality Assessment, 62, 498-504.

Weiner, I. B. (1995). Searching for Rorschach theory: A wild goose chase [Buscando la teoría Rorschach: Una cacería inútil]. En V. Moita & A. A. Pires (Eds.), XIVth Internatiional Congress of Rorschach and Projective Methods – Proceedings Book (pp. 23-32). Lisboa: Sociedade Portuguesa de Rorschach.

Zulliger, H. (F. Salomon, Ed.). (1970). El Test Z: Un test individual y colectivo (J. J. Thomas, Trad.) (ed. comb.). Buenos Aires: Kapelusz. (Orig. publ. en 1948-1954)



1 “La teoría... proporciona una estructura al interior de la cual las contribuciones individuales cuadran juntas y producen una totalidad comprensible e inteligible en vez de un montón desarticulado” (Holt 1954, p. 503; nuestra traducción).


2 Siempre utilizamos los símbolos originales de Rorschach (1921/1977, “claves y abreviaturas” p. 20) abreviados del alemán.

3 Debemos señalar que este esquema del Cap. VII plantea además una nueva cuestión por el momento sin solución visible: la inclusión asimétrica de un 4to. y recién descubierto determinante, el claroscuro (Hd), así como planteó ya antes en el desarrollo del mismo capítulo una diferenciación necesaria entre las localizaciones globales, unas G iniciales más imprecisas o primitivas a diferenciar de otras G finales superiores o sintéticas (asunto perfectamente analizado y resuelto por Dworetzki, 1939). Estas interesantes cuestiones serán retomadas al final del presente texto.


4 “La perfección estética es un criterio nada despreciable de la verdad en materia de ciencia a pesar de lo que piensen la mayoría de los científicos que, casi siempre ignorantes de la cuestión, la tienen habitualmente por risible. Inversamente, una gran obra artística, ya sea pictórica, literaria o musical, obedece a reglas matemáticas rigurosas que el creador ignora evidentemente siempre pero que con respecto a las cuales es la misión de una estética verdaderamente científica... de descubrirlas” (Mélon & Lekeuche 1989, p. 80; nuestra trad.).



EDITORIAL DESENTRAÑANDO CONTENIDOS

Gracias a Ellenberger hemos podido incluso determinar de dónde procede originalmenre dicho esquema triádico (más allá de la obvia influencia de Jung):

“Las clasificaciones psiquiátricas ternarias eran frecuentes en Alemania a principios del siglo XIX. La más célebre fue la de Heinroth [1818]... Este autor comenzaba por distinguir, en la mente humana, tres facultades fundamentales: afectividad, intelecto, voluntad...” (1963/1995, pp. 168 y 177; nuestra trad.)

“...la psicología en el siglo XVIII. El marco de referencia psicológico que es generalmente utilizado hoy día data de esta época. Las manifestaciones psicológicas fueron divididas en tres grandes grupos o ‘facultades’–intelecto[B], afectividad[Fb], y voluntad[F]... Este marco de referencia psicológico... fue adoptado por los psiquiatras del comienzo del siglo XIX [Heinroth, 1818]... Incluso el concepto de Bleuler de esquizofrenia es un vástago tardío de la psicología del siglo XVIII.” (1958, pp. 93-4; nuestra trad.)

He ahí la clara línea de influencia de autores sucesivos hasta llegar a Rorschach a principios del siglo XX.


 La última parte de nuestra exposición concierne el rol capital de su más importante discípulo H. Zulliger en el logro de tal sistematización teórica del “experimento” de Rorschach, donde todos sus factores formales demuestren estar íntima y perfectamente interrelacionados como se espera en una Gestalt o sistema genuinos. ¿Porqué tal preferencia con el mencionado autor? Exner (1969) ya lo sugería al afirmar que “...ninguno de los autores de los cinco Sistemas [de los E.U.A.]... tuvo ninguna experiencia directa con Hermann Rorschach”, agregando que “es difícil predecir la medida en que cualquiera de estos Sistemas podría haberse desarrollado de haber Rorschach vivido más tiempo o de haber Oberholzer, Morgenthaler, o Roemer asumido un liderazgo más activo en la investigación Rorschach” (pp. 7 y 12, nuestra trad.); históricamente, Zulliger (1948-1954/1970, “notas biográficas” pp. 3-5) ha sido el único experto en cumplir con ambas condiciones.


 Si comenzamos por constatar que Zulliger puso en pie un test derivado del de su maestro precisamente de tres láminas, ya tenemos una buena pista para empezar. Empero, el esquema que este discípulo implícitamente propone con su nuevo test es diferente al original (G-D-Dd + B-F-Fb). ¿Acaso distorsionó la Gestalt propuesta por Rorschach como tantos otros lo han hecho? Consideremos su propio razonamiento:


Lámina I... muestra matices de gris, negro y blanco... En virtud de su claroscuro, esta lámina es la que más fácilmente provoca en ciertos sujetos un shock o choque al claroscuro. Algunos sujetos interpretan sin dificultad alguna toda la imagen. Si esto no sucede en el acto, ya surge en la mayoría de los casos la sospecha de una... perturbación de la inteligencia...”


Lámina II. Es una lámina en colores... No les resulta muy fácil a los sujetos producir una interpretación total... Deliberadamente elegimos como segunda lámina una imagen que dificulta... la interpretación en su totalidad. Como las distintas manchas de color están simétricamente dispuestas, y a la vez nítidamente delimitadas y cerradas en sí, esta lámina estimula ante todo las interpretaciones de detalles.”


Lámina III... se interpreta en su totalidad más fácilmente que la II, pero con mayor dificultad que la I. Según el caso... el talento de combinación... se confirma... Se eligió de tal suerte que por lo menos una interpretación ha de producirse por empatía con un movimiento.” (Zulliger 1948-1954/1970, pp. 11-15; subrayado añadido)


Es decir, su nueva serie de factores formales se autodefine ahora como siguiendo la secuencia de localizaciones G-D-G(comb.), y de determinantes Hd-Fb-B. Pero si tomamos la 1ra serie de modos de apercepción de hecho su inspiración no podría ser más rorschachista: es ni más ni menos la que Rorschach mismo (1921/1977) sugirió en el cap. VII(.2) definitorio de su legado (pp. 185-6: “primero una respuesta G; luego, detalles... y por fin... una nueva interpretación sintética (G) o una respuesta estructurada con varias D”), así como es la hallada por Dworetzki (1939) en su extraordinario estudio experimental sobre la evolución de la percepción en el test de Rorschach a través de las edades (p. 262: en palabras de Renan “1) La visión general y confusa del todo, 2) Visión definida y analítica de las partes, 3) Recomposición sintética del todo con el conocimiento que se tiene de las partes”; nuestra trad.). Tal parece que Zulliger, muy intuitivamente, más bien captó conceptos rorschachistas esenciales.


 Pasemos ahora a los determinantes: ¿porqué ese nuevo orden Hd-Fb-B? Nuestra extrañeza desaparece cuando constatamos que algunos de los mejores rorschachistas clásicos ya habían señalado tales correlaciones interfactoriales enumeradas arriba por Zulliger: Binder defendió desde un principio la correspondencia entre Hd y G primitivas; en contraste Bohm (entre otros) explicó perfectamente esa unidad entre Fb y D (1959/1977, pp. 309, 314-5); y ya Rorschach mismo (1921/1977, Caps. IV.1 pp. 63-4, VII.1 p. 177 resp. III-1 + nota; luego Piotrowski, Kuhn, etc.) intuyó esa íntima relación entre B y G superiores o combinatorias (para más detalles ver Peralta, 2005).


 ¿Y los 4tos factores provisionalmente dejados de lado, Dd y F? Los mismos no quedan para nada excluidos sino que se ubican espontáneamente en perfecta armonía con los hallazgos de Dworetzki (y Mélon) basados en la evidencia experimental, lo que ella llamó “análisis primitivo” como una etapa intermedia entre la globalización imprecisa inicial y el verdadero análisis de la etapa intermedia:

“He aquí cómo se presenta el desarrollo: 1) En el primer nivel: predominio de las G, junto a un número importante de Dd; 2) Segundo nivel: crecimiento pronunciado de los D, a expensas de las G y de los Dd; 3) En el último nivel: fuerte retorno de las G, disminución de todos los detalles. Pero siguiendo los resultados edad por edad... el desarrollo parece más complicado: Constatamos para empezar que los Dd no son para nada frecuentes en los primerísimos estadios, sino que aparecen solamente en gran cantidad hacia los 5 años, entre los 5 y los 7 años; los Dd toman, en proporción, un lugar muy importante... Luego de los 7 años, la proporción cambia a favor de los D (hasta los 13 años) mientras que, en los últimos grupos, las G aumentan de nuevo. Aunque irregular en los detalles, el desarrollo puede ser recogido en 4 etapas 1) G, 2) Dd, 3) D, 4) G.” (p. 275; nuestra trad.)

Y como las mentes superiores se complementan, no debería sorprendernos para nada el hallazgo correlativo de Schachtel (1967, p. 60 nota 9; nuestra trad.) en el sentido de que: “La mayoría de los Dd son F o F-dominantes, es decir, activamente estructurados”.


 En resumen, Zulliger y Dworetzki –independientemente el uno de la otra, a pesar de ser ambos suizos– le dieron la siguiente estructura al sistema de categorías formales originales de Rorschach, triádico, pero secretamente tetrádico: I G Hd, IIa Dd F / IIb D Fb, III G B, pero sin forzarlas o distorsionarlas y en perfecta armonía con el espíritu conceptual de su maestro; en otras palabras, lograron la sistematización teórica definitiva del método perceptoanalítico tan anhelada por su creador. O según las palabras de Salomon, discípulo del primero, integraron los esforzados hallazgos de tantos autores independientes mencionados en “una técnica Rorschach genético-estructural” es decir temporo-espacial coordinada, sobre una base psicoevolutiva (Dworetzki, Werner, Murphy), filosófica (Renan, o Hegel, o Spencer; luego Peirce y Schotte-Deese), y/o psicoanalítica (Zulliger, Salomon, Mélon). Bohm lo resumió elocuentemente:

“Como se sabe, un experto en Rorschach, avezado y, sobre todo, familiarizado con la psicología profunda puede deducir a veces importantes datos de la biografía interna del Pr. (recordemos aquí los trabajos casuísticos de HANS ZULLIGER). Precisamente para esta parte de las experiencias con el test de Rorschach no había hasta ahora ninguna explicación satisfactoria proporcionada por la Psicología experimental... Pero no sólo la personalidad, sino también toda percepción, es el resultado de un proceso de evolución... Existe ahí una relación ‘micro-macro’ en forma de un paralelismo, primero entre las fases evolutivas de la percepción aislada y de la ontogénesis en general... Sólo por estas relaciones entre minigénesis de la percepción y la ontogénesis de la personalidad, se comprende que un experimento psicológico perceptivo, como el test de Rorschach, refleje y haga en la práctica comprensibles no sólo ciertas actitudes básicas (orientación espacial, tipo vivencial analítico o global, y otras cosas), sino también la ‘historia anterior’ de las peculiaridades de la vivencia y de la conducta de una personalidad” (1951/1979, pp. 413-4).


 Sobre la calidad de coherencia Gestaltica de este logro científico, no vemos mejor manera de concluir que citando una ley estética que el genio científico-artístico de H. Rorschach intuía perfectamente:

“¿Por qué es el equilibrio un factor indispensable de la composición estética? Una de las razones, la cual es pasada por alto con frecuencia en las discusiones sobre la materia, es que visualmente, tanto como físicamente, el equilibrio representa el estado de distribución en el cual todos los elementos han encontrado reposo. En una composición balanceada todos los factores de forma, dirección, localización, etc. están mutuamente determinados los unos por los otros de tal manera que ningún cambio luce posible y el todo asume carácter de ‘necesidad’ en todas sus partes” (Arnheim 1951, p. 267; nuestra trad., negritas añadidas).


Figura 1. Contornos de las 10 láminas del Test de Rorschach, organizadas de izquierda a derecha en 3 columnas según el principio espacial simétrico-triádico de los determinantes: B-F-Fb.


Doctor Univ. de Liège. Archivos Rorschach Americanos, Ameroarchives@hotmail.com